El corazón secreto del reloj

August 31, 2006

El hambre y la tierra

Filed under: Cine y cochinaditas - Lou Pascal @ 4:20 am

Sobrevivir es prevalecer. Y eso sólo puede hacerse imponiéndose a otros. Sobrevivir, por tanto, es otra forma de arribismo.

August 28, 2006

Protocolos

Filed under: Cine y cochinaditas - Lou Pascal @ 1:52 am

De un tiempo (casi 36 años) a estas partes (pudendas, cutreza obliga) he tenido el displacer de comprobar que el lenguaje verbal sirve para la descomunicación (como los decodificadores TDT, pero salivando) entre seres orgánicos por impericia, perversidad y una tacañería que convertiría a Scrooge en un médico sin fronteras (y sin estetoscopio). El lenguaje comunica con una amplitud que ningún otro código es capaz de abarcar (ni las señales de humo ni la expresión corporal- ¿un codo hecho sintagma?). Despreciarlo o minimizarlo es despreciar y minimizar a los seres humanos (antes de los 25 años no computan como tales; tampoco después en muchos casos). "Time flies like an arrow; fruit flies like a banana" (Groucho Marx).

- "Te quiero", dijo él.

- "Hoy no va a poder ser. Vuelva usted mañana en horario de apertura", respondió ella mientras cerraba la ventanilla.

Ciertamente soy un tipo muy maleducado. Me honra serlo. Si entendemos las buenas maneras como un acceso resabiado y malicioso al otro, se nos presenta como obligatoria la elección entre el innoble protocolo social (de ahí surge la figura del anfitrión) y la honestidad individualizada. Yo decidí hace años prescindir del protocolo.

August 12, 2006

Tecno-a-logías (1)

Filed under: Cine y cochinaditas - Lou Pascal @ 4:19 am

Es deprimente y doloroso que ningún ser humano (hombre, mujer o cosa) despierte mayores atención e interés que un perro, un teléfono móvil 3G o un niño pequeño.

August 8, 2006

Por un Swiftianismo epistolar

Filed under: Cine y cochinaditas - Lou Pascal @ 3:31 am

Diccionario de irresponsabilidades y lugares comunes. Entrada 1.-  "No te pido nada".

Y, sin embargo…

Relacionarse es pedir, vivir es pedir, callar es pedir, follar es pedir.

En cualquier contexto social, en cualquier interacción personal, en cualquier comunicación entre seres humanos, cada gesto, cada silencio y cada palabra incluyen una petición, sea explícita y verbalizada o no. Que esa petición sea irrelevante (pedir la sal a la hora de la ensalada), o crucial en nuestra vida (pedirle a alguien que se quede cuando ya ha decidido abandonarte) no excluye el hecho de que en todos esos casos una petición está siendo formulada. "No te pido nada" sería el disfraz de "no quiero nada de ti" (el mundo de Juan Tamarit: la lealtad es un acto de fe, como si de una liturgia religiosa oficiada por David Copperfield se tratara) o de "no quiero decir lo que quiero para no aceptar posibles responsabilidades ulteriores" (el niño que espera ante el carrito de los helados porque espera que le compren o regalen uno, pero no lo pide para no tener que afrontar la plausible negativa y, así, decir [se], si se lo dieron, que él no tuvo nada que ver y es responsabilidad exclusiva del heladero y, si no se lo dieron que, al fin y al cabo, él no había pedido nada- en ambos casos lo acontecido o desacontecido no es responsabilidad suya). En cualquier caso, por doloroso que pudiera llegar a ser para uno que le dijeran "no te pido nada", lo más terrible es que quien formula frase tan espantosa está renunciando a su conciencia y/o a su responsabilidad. Quizá buscar una forma ligera de vivir en la que la conciencia y la responsabilidad estén excluídas o amortiguadas sea más sencillo y menos gravoso. Prefiero la carga de la conciencia y la responsabilidad. Cuando uno renuncia a ellas, la deslealtad es una consecuencia inmediata.

Seco y amargo como suelo, en el desierto está mi fuente.

Para colmo, si quien formula un "no te pido nada" está pidiendo algo, como defiendo, desea que esa petición sea adivinada, es decir, está renunciando a ser conocido. Luego podrá decir "yo no te había pedido nada" en el caso de que deje de interesarle. Un juego perverso y malsano del que sólo sale beneficiado ese mundo de Tamarit en el que se agazapa la hipocresía.

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